viernes, 10 de octubre de 2008

Dignidad publicitaria

Me da miedo cuando los políticos tratan de salvarnos de nosotros mismos. Temo que los que no pueden regular ni el tráfico quieran legislar sobre el espíritu humano, con iguales malos resultados... y cada vez está pasando más en nuestros tiempos.

La última ocurrencia la ha tenido nuestro Gran Protector y Señor D. Alberto Ruiz Gallardón. Al colega no se le ha ocurrido otra cosa que prohibir los "hombres-anuncio" y el reparto de octavillas de publicidad. Puedo entender que no le guste observar a esa gente con cartelones en la Puerta del Sol cuando pasa en su coche oficial de camino a su nuevo despacho en Cibeles, pero lo que no me convence es su argumento para prohibirlos: atentan contra la dignidad humana...

La dignidad es un concepto muy etéreo pero casi siempre se compra con dinero. Hay oficios muy dignos, que implican un duro esfuerzo y quizás, poco rendimiento económico: fregar escaleras, limpiar W.C. públicos, echar abono a las plantas, la prostitución... En todos esos casos, la barrera entre lo digno y lo no digno suele ser la pasta. Si en vez de limpiar y fregar eres mayordomo personal, ya suena más digno. Si en lugar de puta en Montera lo eres en un chalet de La Moraleja suena diferente.

Porque, seamos sinceros, ¿ves alguna diferencia entre estos dos personajes?




Efectivamente, uno lleva sponsors famosos y que le pagan miles de millones y, el otro, lleva un patrocinador único que le paga un poquito menos. ¿Acaso Alonso no tiene dignidad? ¿No la tienen los jugadores de fútbol, baloncesto, balonmano... llevando publicidad hasta en el trasero de sus calzones?




Poner leyes que protejan la dignidad ante el hecho de portar un cartel publicitario, me resulta de lo más estrafalario. Pues ahora, o les largan a todos a la calle desde enero, tal y como están las cosas (si no se ha acabado el mundo antes, que tal como vamos es posible); o verás a gente portando publicidad en camisetas, chalecos fosforitos, globos de helio... porque no se puede poner freno a la contaminación publicitaria de nuestro tiempo. Y menos aún, alegando proteger la Dignidad Humana.


Otro problema con el que te encuentras es si la prohibición de repartir octavillas también incluirá la de no repartir pases o flyers para las discotecas y clubes de strip tease. Esto va a causar problemas por la noche, cuando uno va subiendo o bajando la Gran Vía, con un mokazo del 15 encima y sin saber dónde acabará la noche, si en ese sitio en el que te dan pases de entrada libre y un musicón bien guapo, o en un sórdido bar de tetas babeando ante el panorama!!!

Nos están jodiendo la vida....

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