miércoles, 8 de octubre de 2008

Once and again

Sí señores, una y otra vez. Las cosas se acaban repitiendo como en Atrapado en el tiempo:



Quienes dicen que el tiempo es lineal no tienen ni puta idea, es cíclico, como demuestran las crisis económicas, estas dos Ligas del R. Madrid o el retorno de Armstrong y el regreso de la fiambrera. Las cosas tienden a repetirse y así, no es de extrañar que los jóvenes estén volviendo a casa de los padres.

Hay gente que vuelve al hogar paterno porque tras el divorcio, le quitan a sus hijos, la casa y casi todo su sueldo. Así, sólo tienen dos alternativas:

  1. Vivir en el coche y acumular deudas.
  2. Volver a casa de los papis y vivir de su caridad.
Pero en este caso, nos referimos a esos jóvenes que con un encomiable esfuerzo, se largaban del nido para empezar su vida y a los que ya no les salen las cuentas. Muchos ven cómo les despiden con esto de la crisis o que no les renuevan su leonino contrato de esclavitud profesional. Otros piensan que no merece la pena vivir con tantos ahogos económicos, atrapados en un curro-mierda sólo para pagar el alquiler y comer cada día. Y también están los que ya no alcanzan a pagar su cuota mensual de libertad en esa hipoteca a 50 años que les une de por vida a su banco... Maldito Euribor!!!

Antes nacías, estudiabas (más o menos, según los casos), conseguías un curro y con eso, te pagabas la casa, el coche, la tele, el colegio de los niños... La diferencia era dónde estaba la casa, lo buena que estuviese tu mujer, la categoría del coche o las pulgadas de la TV.

Ahora ya no. A más de uno le toca vivir en casa de los padres hasta bien entrados los 30 tacos o semi-emanciparse; es decir, vivir fuera del hogar paterno pero subvencionado por sus rentas (comidas en casa, tupperwares, la colada, la paga para salir, la letra del seguro del coche...).

Hay gente que se queda sin curro pese a tener una buena formación y no tiene más remedio que regresar con los padres, meterse a estudiar otra cosa y rezar para tener más suerte en este río revuelto que tenemos actualmente.


Para muchos eso no es vida y de ahí que el mexicano José Luis Garza haya dejado este mundo. Bueno, seguro que sus 450 kilos han influido en ese infarto que acabó con su vida, pero otros pensamos que simplemente prefirió marcharse en el cénit de su existencia. No creo que hubiese podido expandirse mucho más ya...


Como tampoco es de extrañar que tras haber conocido el sueño americano, quienes no pueden mantenerlo se sientan tan estafados por ello que decidan acabar con todo... y con todos. Este arruinado broker americano decidió marcharse como un faraón, yéndose de este valle de lágrimas junto a toda su familia (mujer, tres hijos y suegra). Porque la Eternidad sin compañía debe de ser bastante aburrida, que no??

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